Si visitas el parque infantil del Volkspark Friedrichshain, quizá tengas la sensación de que algo no cuadra del todo. Da una impresión un poco extraña. Tiene algo de «Los Croods». Da una sensación un poco… anticuada. Bueno, hablemos de ello.
El Volkspark Friedrichshain es uno de los parques públicos más antiguos de Berlín y se creó en 1848 como el primer espacio verde municipal de la ciudad. Su creación estuvo estrechamente vinculada a las ideas europeas más generales del siglo XIX sobre urbanismo, salud pública y orden social. Los parques no solo se concebían como lugares de esparcimiento, sino también como instrumentos para moldear el comportamiento y transmitir valores sociales.
En ciudades en rápida industrialización como Berlín, los espacios verdes debían servir para aliviar las condiciones de hacinamiento en las viviendas y, al mismo tiempo, fomentar la disciplina y un sentimiento de identidad ciudadana. Sin embargo, estos espacios no eran neutros. Reflejaban las ideologías de su época, incluidas las visiones coloniales y jerárquicas del mundo que situaban a la cultura europea en el centro de la „civilización“.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el Volkspark Friedrichshain pasó a formar parte de Berlín Oriental y fue reconstruido según los principios de planificación socialistas. No obstante, muchos de los elementos de diseño más antiguos y las representaciones simbólicas se mantuvieron o se reinterpretaron, en lugar de ser cuestionados críticamente.
En particular, los parques infantiles solían abordar temas que reflejaban una visión idealizada o exotizada de las culturas no europeas. En aquella época, estas decisiones de diseño rara vez se cuestionaban, ya que se consideraban más bien imaginativas o educativas que ideológicas.
Cuando hoy en día nos encontramos con elementos como un „pueblo de tipis“ en un espacio con una historia tan compleja, queda claro que no se trata de un diseño fortuito. Más bien, esos elementos forman parte de una larga tradición de integrar en los espacios públicos narrativas culturales, a menudo marcadas por perspectivas coloniales.
El contexto histórico del Volkspark Friedrichshain nos ayuda a comprender cómo las ideologías del pasado siguen influyendo hoy en día en los espacios actuales, a menudo de forma sutil pero eficaz.
Quizá conozcas este concepto por las antiguas películas de vaqueros. Algunos grupos indígenas utilizaban los tipis como parte de su modo de vida, pero es fundamental comprender que las culturas indígenas son increíblemente ricas y diversas.
Cuentan con historias que abarcan miles de años, con muchas formas de vida diferentes, y el tipi es solo una pequeña parte de esa historia.
La distinción entre apropiación cultural y aprecio cultural es fundamental para comprender por qué ciertas representaciones pueden resultar problemáticas. El aprecio cultural consiste en abordar otra cultura de forma respetuosa e informada, a menudo con la participación o el consentimiento de personas de esa cultura. Hace hincapié en el aprendizaje, el intercambio y el reconocimiento del contexto.
Por el contrario, se habla de apropiación cultural cuando los elementos de una cultura marginada se sacan de su contexto y son utilizados por miembros de una cultura dominante, a menudo con fines de entretenimiento o estéticos, sin comprender ni respetar su significado.
En el caso de una „aldea de tipis“ en un parque infantil, el problema radica en que se extrae un elemento cultural específico de su contexto histórico y cultural y se convierte en un símbolo general de la „vida indígena“.
Los tipis eran utilizados por determinados grupos indígenas de América del Norte, pero no son en absoluto representativos de todas las culturas indígenas. Presentarlos como un símbolo universal borra la diversidad y la complejidad de las sociedades indígenas.
Además, existe el riesgo de que, si se elaboran sin la participación de las comunidades indígenas, este tipo de representaciones tiendan a reforzar los estereotipos en lugar de fomentar la comprensión.
Lo que se concibe como lúdico o educativo puede, en cambio, reproducir narrativas simplistas e imprecisas. Esto reviste especial importancia precisamente en los entornos infantiles, ya que las primeras impresiones pueden marcar las percepciones a largo plazo.
Al distinguir entre apropiación y valorización, podemos empezar a replantearnos cómo abordamos los elementos culturales en el espacio público. No se trata de evitar el intercambio cultural, sino de configurarlo de tal manera que se respete a las personas y las historias que hay detrás de estas formas de expresión cultural.
Sin embargo, las representaciones de los pueblos indígenas, como la „aldea de tipis“ de este parque infantil, pueden reforzar estereotipos perjudiciales. Para entender por qué, debemos dar un paso atrás y analizar las ideologías coloniales de las que suelen surgir este tipo de representaciones.
El racismo científico surgió en los siglos XVIII y XIX, cuando los eruditos europeos intentaron clasificar a las poblaciones humanas utilizando métodos propios de las ciencias naturales. Personalidades como Carl von Linné y, más tarde, Johann Friedrich Blumenbach clasificaron a las personas en „razas“ basándose en rasgos externos como el color de la piel.
Sin embargo, estas clasificaciones no eran neutrales, sino que estaban ligadas a juicios de valor que situaban a los europeos blancos en la cima de una supuesta jerarquía y clasificaban a otros grupos como inferiores.
Estas ideas se desarrollaron a partir de prácticas pseudocientíficas como la craneometría, en la que se medían las dimensiones del cráneo para demostrar supuestas diferencias intelectuales entre las „razas“. Estas teorías estaban muy extendidas en aquella época y servían para justificar el colonialismo, la esclavitud y otras formas de opresión. Proporcionaron una base „científica“ a la idea de que las personas no europeas eran menos civilizadas, menos inteligentes y más cercanas a la naturaleza, ideas que siguen repercutiendo hoy en día en forma de estereotipos.
Aunque el racismo científico ha sido refutado hace tiempo, su legado sigue presente hoy en día. Muchos de los prejuicios y representaciones actuales tienen su origen en esas teorías obsoletas.
La infantilización de los pueblos indígenas —es decir, su representación como infantiles o primitivos— se remonta, por ejemplo, a esas primeras clasificaciones. Cuando esas imágenes aparecen en entornos infantiles, existe el riesgo de que esas asociaciones perjudiciales se transmitan a las nuevas generaciones.
Comprender la historia del racismo científico es fundamental para darse cuenta de hasta qué punto estas ideas están arraigadas en las representaciones culturales. Nos permite analizar de forma crítica imágenes aparentemente inofensivas y poner de manifiesto los supuestos que encierran.
En el año 1735, Carl Linnaeus, conocido como el padre de la taxonomía, clasificó a los seres humanos en categorías basadas en „razas“: blanca, roja, amarilla y negra. A los pueblos indígenas se les denominaba „raza roja“ y, al igual que los demás grupos, salvo los europeos blancos, se les consideraba „mentalmente subdesarrollados“.
En Conferencia de Berlín de 1884-1885 constituye un momento clave en la historia del colonialismo europeo. Convocada por el canciller del Imperio alemán, Otto von Bismarck, la conferencia reunió a las grandes potencias europeas para regular el comercio y las reivindicaciones territoriales en África.
Cabe destacar que no se invitó a ningún representante africano. El resultado fue el reparto formal del continente en la denominada „carrera por África“, en la que las naciones europeas se repartieron África entre ellas, sin tener en cuenta las estructuras étnicas, culturales o políticas existentes.
Este reparto no solo afectaba a las tierras, sino también al control sobre las personas y los recursos. La conferencia legitimó la idea de que las potencias europeas tenían derecho a ocupar y gobernar territorios africanos, reforzando así una visión del mundo en la que las sociedades no europeas eran consideradas inferiores o incapaces de autodeterminarse.
Las repercusiones de la Conferencia de Berlín siguen siendo visibles hoy en día. Las fronteras trazadas de forma arbitraria siguen contribuyendo a los conflictos políticos y sociales en muchas partes de África. Al mismo tiempo, las ideologías que sustentaron el colonialismo siguen marcando las percepciones globales hasta hoy. Las representaciones simplistas, como la reducción de culturas enteras a símbolos como chozas o tipis, se remontan a esa época de pensamiento imperialista.
En historia colonial alemana, aunque a menudo menos presente en el discurso público que el de otras potencias europeas, desempeñó un papel importante en el desarrollo de ideologías raciales cuyas repercusiones se siguen sintiendo hoy en día. Entre 1884 y 1919, el Imperio alemán controló territorios en África y en el Pacífico, entre ellos las actuales Namibia, Tanzania, Camerún y Togo.
Estas colonias fueron escenario de explotación, trabajos forzados y violencia extrema. Es especialmente conocido el genocidio de los herero y los nama, considerado el primer genocidio del siglo XX.
El dominio colonial se justificaba mediante ideologías que presentaban a los europeos como superiores y a los pueblos no europeos como primitivos. Estas ideas no se limitaban a las colonias, sino que también marcaron a la sociedad alemana a través de la educación, los medios de comunicación y las representaciones culturales.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.
Aquí es donde la cuestión empieza a ser especialmente problemática. Se ha infantilizado a los pueblos indígenas y se les ha comparado con niños, presentándolos como salvajes, ruidosos e incivilizados. En un parque infantil, los niños se comportan de forma juguetona, llena de energía y caótica, lo que a primera vista parece inofensivo. Sin embargo, en este contexto, esta comparación refuerza una mentalidad colonial de inferioridad.
Lo que parece un parque infantil lleno de fantasía se convierte así en una herramienta de aniquilación cultural y estereotipación.
El racismo en Alemania suele entenderse únicamente como discriminación abierta, pero también existe en formas más sutiles y normalizadas en la vida cotidiana. Tradiciones como el carnaval lo ponen claramente de manifiesto. Los disfraces y las representaciones suelen recurrir a imágenes estereotipadas.
Sin embargo, estas prácticas aparentemente inofensivas tienen raíces históricas en el colonialismo. Los colonos europeos cometieron un genocidio contra los pueblos indígenas de América.
Estos elementos culturales, ya sea una canción o un parque infantil, restan importancia a la historia de la violencia.
https://www.britannica.com/event/Berlin-West-Africa-Conference
https://www.britannica.com/topic/scientific-racism
https://www.britannica.com/story/what-is-cultural-appropriation
https://www.living-diversity.de/inhouse/cultural-appropriation/
https://www.deutschlandfunk.de/endlich-mal-erklaert-was-ist-blackfacing-100.html
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2865084/
https://www.dw.com/en/germany-colonial-reparations-namibia-herero-nama/a-54761024