Por qué Bamako es una película imprescindible sobre justicia y poder

El pasado mes de enero, Sudáfrica presentó una importante demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), acusándolo de genocidio contra el pueblo palestino. Este caso suscitó un intenso debate en Internet sobre si es posible lograr verdadera justicia a través de este tipo de vías jurídicas formales. Muchos creen que estos sistemas están diseñados para proteger a los poderosos y defender los mismos intereses una y otra vez.

Si alguna vez se ha preguntado si las instituciones existentes pueden hacer justicia, hay una película que aborda estas cuestiones de un modo único: Bamako (2006), dirigida por Abderrahmane Sissako. Bamako está ambientada en la capital de Malí y presenta un juicio ficticio, montado en un patio trasero, en el que ciudadanos de a pie y abogados llevan ante los tribunales a gigantes financieros internacionales como el Banco Mundial y el FMI. Acusan a estas instituciones de explotar a las naciones africanas y agravar la pobreza mediante el sistema de la deuda. Lo bueno de Bamako es que no se desarrolla como un drama judicial al uso, sino que mezcla la vida cotidiana con escenas jurídicas serias, haciéndole sentir la tensión entre la justicia “oficial” y los problemas de la vida real.

Escenario y simbolismo en Bamako

¿Qué hace que Bamako tan singular es cómo mezcla lo surrealista con lo natural. El tribunal está instalado en un pequeño e informal patio trasero, y la seriedad del juicio se ve constantemente interrumpida por la vida que sucede a su alrededor: bodas, niños corriendo, vecinos charlando. Este vaivén transmite un mensaje claro: la justicia no es un concepto abstracto que se pueda aislar en un tribunal, sino que está profundamente entrelazada con la vida cotidiana. La edición, o “montaje”, alterna estas escenas de tal manera que te hace pensar sobre lo que significa realmente la justicia, las herramientas que mantienen el poder y cómo los medios de comunicación y las finanzas pueden controlar quién llega a estar “al mando”. Es una poderosa declaración visual.

el banco mundial toma el poder sobre el pueblo
Africanos que luchan contra su propio gobierno por el trato que reciben

Criticar algo más que a las potencias mundiales

Uno de los elementos más fuertes de Bamako es que no se limita a señalar con el dedo al Banco Mundial y al FMI. La película también denuncia la complicidad de los gobiernos africanos en esta explotación. A través del sistema de la deuda, Bamako sugiere, se ha mantenido a los países africanos en un ciclo de pobreza que beneficia a las poderosas instituciones mundiales. Los actores -entre ellos Danny Glover, el abogado francés de derechos humanos William Bourdon y la abogada y política senegalesa Aïssata Tall Sall- ponen verdadera pasión en sus papeles, especialmente en las escenas del tribunal, donde pronuncian largos e intensos monólogos sobre soberanía y justicia. Los discursos ponen de relieve cómo la “justicia” es a menudo sólo un espectáculo, y las personas más afectadas por las políticas mundiales rara vez se sientan a la mesa.

Por qué debería verlo Bamako

Si siente curiosidad por saber cómo la ficción puede captar complejas luchas sociales y políticas, Bamako es una gran película. Utiliza el arte y la narración para hacernos reflexionar críticamente sobre las estructuras en las que vivimos y cuestionar quién se beneficia realmente de los sistemas de poder. Bamako no ofrece respuestas fáciles, pero nos anima a reflexionar sobre el sistema judicial de una manera nueva, lo que la convierte en una película que permanece en tu memoria mucho tiempo después de su finalización.

¿Has visto a Bamako? ¿Qué le ha parecido? ¡Discutámoslo en los comentarios!